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A los Jóvenes de ahora
Si pudierais comparar
vuestra generación acomodada con las anteriores
generaciones, tendríais más comprensión
por vuestros padres y también por vuestros abuelos.
No podéis generalizar calificando de “excéntricos”
a todos los padres o abuelos, pues en las generaciones
pasadas, cuando vuestros abuelos y padres se encontraban
en la pubertad, existían unas costumbres de vida
muy diferentes. Precisamente en la época de vuestros
abuelos existía una etiqueta obligada y rígida;
esto se debía hacer y lo otro no. Entonces no
había para la juventud peros que valgan.
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Se decía: “esto se hace”
y “esto no se hace”, también en lo referente
a las costumbres en la mesa, a menudo muy severas, o en el
comportamiento en una sociedad que se había acostumbrado,
o más bien impuesto, unos determinados modos de expresión.
Muchas cosas estaban prescritas para los niños. El
chico tenía que hacer una reverencia al saludar a los
adultos, en algunos casos también a otros de su misma
edad, la chica tenía que inclinarse. Para los domingos
se tenían determinados trajes y zapatos, que no se
podían usar a diario. Los padres de entonces eran severos
con sus hijos, respecto a con quién andaban y para
que no mantuvieran relaciones prematrimoniales.
Los niños y también aún
los jóvenes en la mayoría de los casos disponían
de poca libertad personal. Por lo general tenían que
ser obedientes y formales, es decir, adaptarse. La vida desde
la infancia hasta la edad adulta estaba marcada por la severidad,
por prescripciones y prohibiciones, para que los niños
fueran modelos brillantes ante los parientes y amigos.
Para vuestros padres, en la mayoría
de los casos, no fue ya tan formal y estricgto como para vuestros
abuelos. Pero también ellos recibieron -como vosotros
diríais- el aire gruñón de las pasadas
generaciones.
De la publicación gratuita: “El
Joven y el Profeta”
Maite Valderrama
http://www.vida-universal.org
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