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Carta a los jóvenes
Vosotros jóvenes,
habéis nacido en el florecer del llamado milagro
de la economía, en una sociedad en la que se
han perdido en gran medida los principios éticos
y morales básicos, ni qué hablar de la
etiqueta y las buenas maneras. Vuestros padres han crecido
en este milagro de la economía, pero recibieron
la educación de sus padres, cuyas normas le han
marcado decisivamente.
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Los programas de comportamiento adquiridos
en la infancia y la juventud, permanecen a menudo activos
en mayor o menor medida durante toda la vida terrenal. Muchos
de las generaciones antiguas no pueden comprender el comportamiento
actual de la juventud, que por el milagro de la economía
ha dado un salto generacional gigante, pues en ellos aún
está viva la imagen de la educación de su infancia
y juventud. Desde estas impresiones educan a menudo a sus
hijos y se dirigen a vosotros los jóvenes con las medidas
y normas de entonces.
Si muchos de vosotros pensáis que los padres son
unos incompetentes en lo que se refiere a la juventud actual,
os animaríamos a reflexionar, pues puede que se trate
sencillamente de falta de experiencia. Vuestros padres no
conocen vuestro estilo de vida, porque “antes todo era
diferente”. No os pueden entender en algunos asuntos
porque no tienen experiencias en muchas cosas que para vosotros
se sobreentiende en esta generación floreciente. Como
están inseguros en la educación de sus hijos
por este salto generacional, reaccionan demasiado estrictamente,
demasiado a la antigua, precisamente desde el potencial de
recuerdos y experiencias de la época de su infancia
y su juventud.
¿Cómo sería si vosotros los jóvenes
hablaseis sobre esto, teniendo en cuenta que vuestros padres
no han ido creciendo como vosotros en una sociedad bien acomodada?
Hablad también, si queréis, de que vuestros
abuelos y padres en sus años de infancia y juventud
tuvieron que vivir una educación exageradamente severa
y reglamentada, que se saltaron, por cierto, a escondidas
alguna que otra vez, haciendo entonces cosas que en absoluto
eran siempre inofensivas y sin peligro, cosas que hubieran
preocupado seguramente a sus padres si hubieran sabido de
ellas. También estos recuerdos y experiencias de escapar
de la estrechez de una educación autoritaria en su
juventud influyen en vuestra educación, con la preocupación
secreta de que vosotros podríais hacer lo mismo que
ellos entonces. El miedo y la preocupación de los padres
es a menudo el resultado de querer protegeros de daños.
También vuestra forma de conducir coches y motos, que
en general es a gran velocidad, causa a vuestros padres motivos
de preocupación. Ellos se preocupan de vuestro bien
y de vuestra vida.
“De la publicación gratuita: El joven y el
profeta”
Aptdo. 3044 – 29080 Málaga
Maite Valderrama
http://www.vida-universal.org
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