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Un inventario para la vida
El eslabón decisivo
en la cadena de nuestra vida "Aquí y en
el Más Allá" es respectivamente el
final de una encarnación. Las cargas que el alma
porta consigo en el momento de la muerte se las lleva
al reino de las almas. Allí no tiene la posibilidad,
como ocurría en su vida terrenal, de borrar sus
culpas mediante el autorreconocimiento y la purificación
a tiempo, antes que lleguen los efectos, para así
adelantarse a éstos y poder suavizarlos o evitarlos,
sino que en el "Más Allá" al
alma le queda sólo el amargo camino de la expiación.
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Por esto sería aconsejable, a más
tardar en la edad madura, en la última fase de la vida
terrenal, ser autocrítico y echar una sincera mirada
retrospectiva de uno mismo.
¿Ha merecido la pena esta vida terrenal?
¿Qué me llevo al otro lado, al reino de lo "invisible"?
¿A quien he pertenecido y a quien he servido con todo
mí pensar, hablar y actuar, con todas las luchas con
Dios, con mi envidia y con mi hostilidad, con la lucha contra
lo demás? ¿Me ha guiado Dios o he sido conducido
por una fuerza negativa invisible? Si esto último ha
sido así, ¿Quién ha dirigido el barco
de mi vida y cómo continuará para mí
después?
Con respecto a este inventario habría que considerar
que no toda persona llega a una edad madura, sino que en determinadas
circunstancias la encarnación termina para ella en
la juventud o en la mediana edad. Si hemos reconocido que
un balance de vida así podría se valioso para
nosotros y nuestra alma, sería consecuentemente bueno
no tardar mucho en llevarlo a cabo.
Tras la muerte corporal, al alma sin cuerpo, cuyo barco de
la vida dio vueltas y vueltas en el océano de la existencia
terrenal, le será difícil orientarse en el "Más
Allá". Nadie se libra de decidirse a quien quiera
seguir, a Dios o al adversario de Dios, a lo satánico,
al enemigo de la luz. Aquel que no sujete con fuerza el timón
de su barco de la vida, irá fácilmente a la
deriva hacia allí donde él realmente no quería.
Maite Valderrama
http://www.vida-universal.org
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