Últimos Artículos:
|

|
Artículo
Destacado
Invierno Animal: No puedo creer lo que mis ojos han tenido la desgracia de ver hoy. Alguna vez... (Publicado por Antonio García-Palao) Leer Artículo
Ver
todos los Artículos.
|

|
Artículo
Destacado
¿A dónde vas de vacaciones?: Estos últimos días del julio el tema del momento es: ¿a dónde vas de vacaciones?. ; ya que era la única manera de animarse para pasar el eterno julio a cuenta gotas... (Publicado por Kathia) Leer Artículo
Ver
todos los Artículos.
|

|
Envíanos
tus Artículos:

|
Enviarnos tus
artículos es muy fácil, tan sólo
debes leer antes como hacerlo:
Publicar
|
|
|
|
Sólo el 20% de las
Palabras de Jesús en la Biblia son creíbles
Después de todo
lo que hoy día sabemos, con base en la investigación
científica y en numerosos hallazgos de los últimos
cien años, los redactores de los evangelios son
desconocidos. Sus textos no están redactados
por personas que con sus ojos y oídos fueran
testigos de la vida de Jesús, con excepción
tal vez del evangelio de Juan. Nadie puede afirmar que
los denominados escritos apócrifos sean por tanto
menos inspirados.
Todos estos escritos surgieron al
final de primer siglo después de Cristo y durante
el transcurso del segundo. Sus redactores informan sobre
lo que sabían por referencia.
|
|
Con frecuencia no se trata de informes en
el sentido histórico, sino de la presentación
de la Buena Nueva tal como la entendió su respectivo
autor. Sin embargo, no hay ningún texto original de
ninguno de estos escritos. Sólo hay copias de anotaciones
anteriores, copias que se originaron en el tiempo transcurrido
entre los siglos cuarto y décimo. Son aproximadamente
1500, que a su vez difieren unas de otras en miles de pasajes.
La variedad de los textos era ya en el siglo
cuarto tan grande, que el Papa Dámaso I encargó
al monje Jerónimo que hiciera una compilación
de textos bíblicos obligados. Jerónimo halló
ya en aquel tiempo tantas versiones diferentes de los textos
que sintió que se le exigía demasiado. Desesperado,
escribió a su mandante papal:
“Me obligas a hacer una obra nueva
de una vieja, en cierto modo a hacer las veces de árbitro
entre ejemplares bíblicos, después que éstos
(desde hace mucho tiempo) fueran difundidos por todo el mundo,
y a decidir, donde difieren unos de otros, cuáles (de
las variantes ofrecidas) coinciden con el texto griego auténtico...
¿Podrá encontrarse siquiera uno, ya sea letrado
o iletrado, que en cuanto tome este volumen en sus manos y
compruebe que lo que aquí lee no coincide en todo con
el gusto de lo que él acogió una vez en sí,
que no me califique a voz en grito de falsificador y sacrílego,
porque tuve la osadía de añadir, cambiar o mejorar
algunas cosas en los libros antiguos”.
Cierto que en el tiempo transcurrido desde
entonces la mayoría de los teólogos se han puesto
de acuerdo en un texto griego unificado; pero ¿qué
le precedió? Decenios de cambios de importancia en
los escritos y en la transmisión oral, de forma que
el científico Herbert Braun, uno de los investigadores
más conocidos en la materia del Nuevo Testamento, llega
al resultado de que sólo son auténticas aproximadamente
el 20% de las palabras de Jesús en la Biblia.
Una de las investigaciones más minuciosas
de los últimos tiempos, llega a la siguiente constatación:
“Si hoy día leemos nuestro Nuevo Testamento,
tenemos en las manos una compilación de libros que
autorizaron e impusieron algunos obispos cristianos de dos
concilios que se celebraron más de 300 años
después de la muerte de Jesús...
Esto también lo sabía el padre
de la Iglesia católica Agustín, cuando explicó
que él no podría confiar en la Biblia, a causa
de sus numerosos errores, si la Iglesia no le diera la garantía
por ella. Con ello la Biblia ya no se muestra como la palabra
de Dios que nos trajo Jesús de Nazaret sino más
bien como la palabra de la Iglesia. Así quedarían
fuera de la Biblia muchas cosas que en ella se leen a su favor:
las palabras a Pedro, como institución de una Iglesia
oficial que Jesús de Nazaret jamás quiso; las
palabras sobre el perdón de los pecados como una misión
absolutoria para los sacerdotes; la desaparición gradual
de la ley de siembra y cosecha, o el denominado mandato de
bautizar, que llevó a la cristianización forzosa
y al asesinato y homicidio. Los ejemplos de tales falsificaciones
podrían proseguirse.
De su Libro: “La campaña de
guerra de la paloma y la obra de la serpiente”
Cristian Sailer
http://www.vida-universal.org
|