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Reconócete en el Instante


Quien no vive en el instante, en el día, es vivido, y por eso no puede ver bajo una luz correcta ni las situaciones del día ni nada de lo que el día trae, ni hallar la solución.

Cuando nos movemos en los acontecimientos del día y nuestras sensaciones y pensamientos no están en el trabajo, en la situación, es decir, no están en el instante, tampoco traspasamos con vida lo que el día trae, sino que una parte de nuestra conciencia está allí donde nosotros estamos con nuestras sensaciones y pensamientos.

Esto significa que no vivimos en el presente, sino, por ejemplo, en el pasado o en el futuro.

Lo que en el día en curso no hemos aceptado ni purificado, se lo lleva el día consigo y vuelve a traerlo en otro tiempo. Pero, en determinadas circunstancias, lo que él nos ha querido mostrar en el día de hoy, vendrá mañana, pasado mañana o dentro de años de forma mucho más masiva y agobiante hacia nosotros, porque en el tiempo transcurrido lo habremos seguido construyendo, con sensaciones y pensamientos iguales o similares.

Lo que el día se lleva consigo, por tanto, no ha sido eliminado, sino sólo postergado.

Muchos impulsos del día nos exhortan y advierten. Si una y otra vez dejamos pasar de largo ante nosotros las exhortaciones y advertencias, en su tiempo lo que el día ha dado a entender, y sobre lo que ha llamado nuestra atención, para que lo purifiquemos, se dirigirá con poder hacia nosotros, interviniendo en nuestra vida: o mediante un golpe del destino, o a través de enfermedad y sufrimiento.

Si luego viene el día que trae el fallecimiento de nuestro cuerpo, que es inevitable, porque la muerte no nos pide que decidamos, ya que irrumpe espontáneamente en nuestro cuerpo físico, llevaremos con nosotros a los planos de purificación, como almas, lo que los días nos trajeron sin que hiciéramos caso de ello. Entonces hasta es posible que llevemos con nosotros bastantes más cargas a los mundos del más allá que las que habíamos traído al entrar en esta existencia terrenal; pues lo que no hemos captado, ha seguido capturándonos. Así pues, a los errores y pecados ya existentes habremos agregado otros y además habremos edificado sobre ello.

Nuestra alma también se llevará consigo nuestras formas de pensamientos, como cargas, cuando en el computador causal ya no haya señalada ninguna otra encarnación. En ese caso, el alma disolverá esas sombras durante su posterior proceso de maduración.

Sin embargo, si mediante las cargas que en la Tierra hemos agregado hemos puesto nuevamente en movimiento la rueda del renacimiento para nuestra alma, al fallecer nuestro cuerpo terrenal, algunas formas de pensamientos permanecerán en la atmósfera de la Tierra. Cuando nuestra alma vuelva a introducirse en un cuerpo terrenal recién nacido, las formas de pensamientos que habíamos depositado se dirigirán hacia nosotros en el momento en que como seres humanos hayamos alcanzado la madurez para discernir entre el bien y el mal. Si entonces el computador causal activa las analogías de nuestra alma y el día quiere mostrárnoslas, pero una vez más hacemos caso omiso de ellas, como en nuestras anteriores encarnaciones, estaremos llamando de la atmósfera las formas de pensamientos, de anteriores vidas, que nosotros hemos depositado. Ellas se dirigirán hacia nosotros y reforzarán nuestra forma de pensar, hablar y obrar contraria a la ley divina –lo que habríamos debido superar con la fuerza de Cristo.


Vive por tanto el instante, y te reconocerás a ti mismo e irás encontrando el camino a lo impersonal, a tu yo divino!. Entonces experimentarás quien eres y quien y qué es tu verdadero yo divino.
De la publicación: Vive el Instante.
Vida Universal Aptdo. 3044 - 29080 Málaga

 

Maite Valderrama

http://www.vida-universal.org

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