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¿Esconde el Vaticano
el único Evangelio auténtico?
De las cartas de (san)
Jerónimo se deduce claramente que él recibió
en sus manos un evangelio verdadero y original, el llamado
evangelio hebreo o ebionita, una escritura auténtica
que contenía la enseñanza de Jesús
a los apóstoles. El libro está escrito
por el autor en lenguaje arameo/caldeo, pero con letras
hebreas en clave. Jerónimo escribió al
respecto a los obispos Chromatis y Heliodoro:
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“Se me ha impuesto una obra difícil,
después de que ésta (la traducción del
evangelio hebreo) me fue recomendada por Vuestra Eminencia,
de la cual el mismo san Mateo, el apóstol y evangelista,
no deseaba que se escribiera abiertamente. Pues si no hubiese
sido secreto, él habría agregado al evangelio
que lo que estaba publicado era de él; pero él
selló este libro con letras hebreas y lo publicó
de tal modo que el libro, en letras hebreas y escrito por
su mano, tenía que estar en posesión de los
hombres más religiosos; que también con el correr
del tiempo lo recibieron de aquellos que fueron sus antecesores.
Pero este libro mismo no se lo dieron nunca a nadie para copiarlo…”
Jerónimo tradujo dos veces este evangelio secreto,
porque para él era “casi incompresible”.
El escribe: “Y fue efectivo que este libro ofreció
un contenido no edificante, sino destructivo, y que este (libro)
fue aprobado en un sínodo, lo que los oídos
de la Iglesia se negaron a escuchar a propósito”.
Con “destructivo” podría también
referirse a la destrucción de estructuras, dogmas,
tradiciones, etc. ya establecidas. En todo caso, un comentarista
dice sobre este punto: “Jerónimo declaró
fríamente como hereje cada comentario sobre esta escritura,
con excepción del suyo. Y aún más, Jerónimo
sabía que este evangelio era el único original,
y a pesar de ello aumentó su ahínco por la persecución
de los herejes. ¿Por qué? Porque aceptarlo habría
sido como pronunciar la sentencia de muerte contra la Iglesia
establecida.
Se sabía que el evangelio hebreo era el único
que fue aceptado durante cuatro siglos por los cristianos
judíos, los nazarenos y los ebionitas. Los ebionitas,
los verdaderos cristianos de los primeros tiempos, rechazaban
los restantes escritos apostólicos y utilizaban sólo
este evangelio. Por lo demás, ellos creían que
Jesús provenía “del semen de un ser humano”,
mientras que jerónimo creía, según parece,
en el nacimiento inmaculado. Eusebio, el escritor que escribió
los textos de los padres de la Iglesia para la posteridad,
puso este evangelio hebreo al mismo nivel que la manifestación
de Juan. Pero Jerónimo lo rechazó como una herejía.
En esta relación es también interesante que
Orígenes (185-254), el reconocido estudioso de la Biblia,
según un comentario de Jerónimo “empleó
a menudo” este evangelio hebreo.
Orígenes creía en la preexistencia del alma.
Se podría suponer que en este libro, que él
“empleaba tan a menudo”, no encontraba una contradicción
sobre este tema, incluso puede que haya sido la fuente de
su saber. Pero igual como haya sido, Jerónimo rechazó
el evangelio hebreo y por eso hasta hoy no se encuentra nada
de él, aparte de muy pequeños trozos. ¿No
sería posible que estuviese tal vez en la biblioteca
del Vaticano, oculto al público? Orígenes denominó
a ese evangelio el “Evangelio de los doce”. Jerónimo
lo llamó una vez “Evangelio según los
apóstoles”. Modernos expertos de la Biblia consideran
el evangelio hebreo y el evangelio ebionita como idénticos,
como el “libro secreto” que tradujo Jerónimo
y del que se conocen pocos trozos, que muestran que Jesús
estaba contra el consumo de carne. Este se puede comprobar
por ejemplo, en los siguientes versos: Jesús: “Yo
he venido a acabar con los sacrificios y si vosotros no dejáis
de sacrificar, la ira no se apartará de vosotros”
/ Discípulo: “¿Dónde quieres que
te organicemos la cena de Pascua?” / Jesús: “¿Os
parece que Yo deseo comer carne con vosotros, en esta pascua?”
Los ebionitas son los seguidores de los nazareos, y de esta
forma de la comunidad originaria de Jerusalén…
La forma de vida vegetariana o incluso vegana se ve también
atestiguada en sus escrituras. En el evangelio ebionita, que
fue transmitido por Epifanio (Contra Haereses), Juan bautista
no se alimenta de langosta, sino de “miel silvestre”,
cuyo sabor era el del maná, como pastel de aceite”
(30,13.4s), y Jesús rechaza aquí también
la matanza y el comer el cordero de Pascua (30,22.4). También
Plinio confirma el vegetarianismo/veganismo de los ebionitas
en su carta al emperador romano Trajano…
Epifanio (Contra Haereses 30,18.9) informa que los ebionitas
contestaban a la pregunta de por qué rechazaban estrictamente
comida con carne y sacrificio de víctimas: Porque Jesús
así se los había manifestado. Strehlow escribe
que los ebionitas celebraban la cena como un simple recuerdo
de la comunidad de la mesa con Jesús, por cierto de
forma vegetariana.
Esta y otras verdades esenciales no podían ser mencionadas
en la Biblia. Tales verdades son las que según Jerónimo
“se negaron a propósito” a escucharlas
los oídos de la Iglesia.
Es evidente que la Biblia no ha sido “solo”
falsificada. Se va concretando la conjetura de que verdades
esenciales para la humanidad tenían que permanecer
ocultas.
Maite Valderrama
http://www.vida-universal.org
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