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Maldecidos por ser vegetarianos


El vegetarianismo de los primeros cristianos fue evidentemente un gran problema para los poderosos de la época. Por ningún motivo se le podía integrar en la Biblia.

El autor alemán Carsten Strehlow escribe: “El padre de la Iglesia Jerónimo, fue incluso expulsado de Roma por mostrarse claramente a favor del vegetarianismo y de la abstinencia de alcohol”.

Seguramente que él tendría que haber temido por su vida si, conforme a la verdad, en su nueva traducción de la Biblia al latín hubiese mencionado el amor de Jesús por los animales. Se dice que ya bajo el emperador Constantino I, se les echaba plomo derretido en la garganta a los cristianos vegetarianos y pacifistas.

Había grandes luchas de partidos, debido a que “la mayor parte de los Padres de la Iglesia representaban fuertemente la alimentación vegetariana/vegana y la abstinencia alcohólica”. Sin embargo, triunfaron el gobierno romano y la Iglesia romana, la que se estaba constituyendo con la ayuda del primero.

La siguiente cita da una idea del poder negro como un cuervo que a partir de entonces se apoderó de la enseñanza de Jesús. Por ejemplo, los nuevos católicos fueron obligados, antes de ser afiliados forzosamente a la Iglesia católica en formación, a proferir personalmente la siguiente maldición contra los seguidores de Jesús y Su enseñanza, y con esto por último contra Jesucristo mismo: “Yo maldigo a los nazarenos, los testarudos, que niegan que la ley de sacrificios fue dada por Moisés, que se privan de comer criaturas vivas y que nunca ofrecen sacrificios…”


Maite Valderrama

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